¿Cómo se forma nuestra personalidad? ¿Te has preguntado? Las Respuestas tenemos aquí
El día comienza mucho antes de que salga el sol en medio de la inmensidad del campo. Entre el rocío de la mañana y el canto de las aves, mi rutina arranca con la responsabilidad de mantener en marcha a los gigantes de la tierra. No se trata solo de un taller bajo techo; aquí la oficina es el campo abierto y los pacientes son monstruos de acero: tractores, máquinas de oruga, excavadoras, jumbos, cargadores frontales, trādillas y poderosos bulldozer.
Cada máquina tiene su propia maña y exige respeto. Lo primero es revisar niveles, mangueras, orugas y sistemas hidráulicos antes de que empiece la jornada pesada de movimiento de tierra y laboreo agrícola. A veces toca cambiar un diente de cuchara desgastado bajo el inclemente sol del mediodía, o meterse literalmente en las entrañas de una excavadora o un bulldozer para corregir una falla en la transmisión o en el sistema de inyección.
El esfuerzo es físico y constante, entre grasa, herramientas pesadas y el rugido de los motores diésel cobrando vida tras una buena reparación. Pero ver cómo estas moles de hierro vuelven a abrir trochas, mover toneladas de tierra y hacer producir la finca no tiene precio. Es un trabajo duro, de sol a sol, pero saber que gracias a mis manos todo el equipo pesado sigue operando me llena de orgullo al final de cada jornada.